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jueves, 3 de agosto de 2017

Tocata y fuga en "desamor"


3 de agosto... día nublado pero no exento de un asfixiante calor, de esos que te "aplatanan". Ah... y tengo la regla, para fastidiar un poco más.

Abro el ordenador y le doy una vuelta a las novedades del día. Las noticias, como siempre, mejor no verlas para que el gris no se torne en negro profundo. Las redes sociales - gran indicador social - aburridas. Todos los contenidos centrados en temas vacacionales... que si estoy aquí, que si allí pero donde el espectador apenas nota la diferencia entre la arena y mar de un lugar u otro. Eso sí, este verano hemos avanzado algo frente a años anteriores... ya nos atrevemos más, ya se forma parte más presente en el paisaje. Si bien el año pasado sólo "sacábamos" el pie (con uñas bien pintaditas), en éste nos atrevemos más y empezamos a ver más fotos de espaldas que,  en el más arriesgado de los casos, nos deja intuir que las glándulas mamarias respiran en libertad, como un grito salvaje al horizonte acompasado del  "a quién le importa lo que yo haga"de Alaska y Dinarama...  Un cambio del que me alegro enormemente porque los pies me parecen mucho más feos que la figura de una mujer de espaldas... ¡Aquí mi aplauso insonoro por las valientes!


Los términos: "libertad", "respirar", "descansar", "desconectar", "tiempo para mi", "es el momento de vivir",  "de quererme", "de mimarme"... se repiten hasta la saciedad. Y con ellos se pone en evidencia un claro descontento así como una gran  falta de autoestima que se desprende en esta sociedad donde se nos llena la boca (o el Facebook) de frases  del tipo "no me importa lo que piensen de mí", "si no te gusta, no mires"pero estamos adictos a las respuestas y reacciones que vamos a obtener de dichas manifestaciones.

No es de extrañar, por tanto, que la publicidad se nutra de este sentimiento generalizado para conectar o ser cómplice con el consumidor y que muchas marcas animen al consumidor a quererse, a gustarse, a aceptarse, a vivir y a disfrutar:


  •  "Si te gustas, gustas" claim utilizado para la línea masculina de Veet para animarnos a buscar la conexión con uno mismo como clave del éxito... Un éxito no individual, sino que será recompensado por el "otro".





  • "Quiéreteme" claim para la campaña de verano de El Corte Inglés



  • "Vivos vivientes" o "Nos morimos por vivir" de Aquarius, donde la marca pretende contagiar de las ganas o alegría por vivir, valorar el presente, lo que somos, sin más.  


  • "Real Moms" donde Dove brinde un homenaje a las mujeres de carne y hueso (en el rol de madre) y no las photoshopeadas. 



Dove es una de las grandes marcas que ha trabajado el territorio de la autoestima femenina, del quererse tal y como cada una es, huyendo de los estereotipos inalcanzables que sólo generan frustración. Cuenta con grandes piezas que tocan la fibra emocional de las mujeres, que llaman a un despertar colectivo que nos hace ver que el cómo nos sentimos es fundamental para entender cómo nos vemos. Creo que se me nota que soy una gran fan de la labor emocional que está tratando de hacer la marca para ayudarnos a construir una personalidad más fuerte y confiada. Su actividad publicitaria va más allá de la búsqueda de venta, obviamente es un fin, pero trabaja en crear valores constructivos, y sería injusto no dar las gracias por ello.



Y todas lo hemos aplaudido, nos hemos emocionado con sus historias, hemos compartido sus anuncios virales, demostraciones de que el sentirse bella nace de dentro y no de fuera....

Entonces... por qué sigo viendo cada día, en cada esquina, en cada conversación de café, autobús o cola del supermercado manifestaciones del tipo: "me olvido de mí, no me cuido... a partir de ahora pintalabios y rimel cada día para hacer de mi día un día mejor", "hoy he decidido arreglarme para que sea a mí a la que me miren", "hay que quererse y arreglarse"...

¿Hemos entendido algo?

Seguro que luego todas defienden que la belleza es interior, y no sería contradictorio.  Pero, en serio, me vuelvo a preguntar: ¿hemos integrado el aprendizaje? ¿o sólo seguimos cantando la canción de "A quién le importa" para gritar y desahogarnos un rato y después seguir agradando al "otro"?

¿Cómo es que conectamos tanto y de manera tan intensa y emotiva con mensajes tipo Dove (he visto a gente llorando tras ver sus spots)  y luego tenemos que recurrir a accesorios tan externos y superficiales para querernos... ¿En serio? ¿Así es como me tengo que querer yo?

¿Podremos algún día estar felices con nuestras imperfecciones? Si es así, ¿por qué las tengo que maquillar, camuflar, ocultar...?  ¿Por qué no puedo sentirme bien con mis manchas, pecas, ojeras, pelo encrespado, celulitis, barriga, cartucheras, tetas caídas....? ¿¿¿qué me he perdido en el camino??? ....

Por cierto, ¿he hablado de "imperfecciones"? Veo que he caído en la trampa.

Imperfecciones: defecto, deficiencia, incorrección, desperfecto, falla, lunar, borrón, error, deformidad, desacierto, amorfia, avería, granulación, pecado, sombra, tosquedad, deterioro, desproporción.... 

¿Lunar? bella imperfección  la del lunar. A Marilyn Monroe le quedaba bastante bien, por cierto.


Hay "imperfecciones" que, personalmente, me chiflan. Hay aspectos que se entienden como "imperfecciones" que marcan la diferencia. De hecho sería aburridísimo un mundo lleno de gente perfecta y estandarizada bajo los cánones que - en cada contexto /año / lugar - se estipulen como "perfectos".



Además, sabemos perfectamente que la definición de lo "perfecto" - y por tanto lo "imperfecto" - es cultural y asociada a una época y sociedad concreta. El claro ejemplo es que  las mujeres celulíticas de Rubens eran diosas en su momento, mientras que las anoréxicas de hoy son las diosas de nuestra era (shhhhhhhh, no decidlo en voz alta que no es políticamente correcto). 





Y seguimos cayendo en la trampa. Por nuestra boca decimos no participar de ello, pero el subconsciente nos traiciona constantemente.


Mientras tanto, doy gracias a los anunciantes para que sigan construyendo en valores positivos  para las benditas imperfecciones que nos hacen ser diferentes, originales, divertidos y "anómalos"










miércoles, 26 de agosto de 2015

"Hazme reír y soy tuya" (le dijo un consumidor a su marca)

Fuente: modernhepburn

El pasado lunes no fue un día cualquiera. Fue un lunes diferente porque me enfrentaba al reto de comprar champú en una gran superficie.

Durante muchos años compraba champú a través de webs online en las que conseguía mi querida marca de H2O a base de plancton marino. Pero con el tiempo, los niños, los recortes... te haces más práctica (tu pelo no, sigue igual de exigente).

Lo malo es que cuando compro este tipo de productos en hiper o supermercado mi nivel de credibilidad de las "promesas" o beneficios que anuncian las principales marcas desciende a mínimos. No creo ni que me aporten el brillo que dicen, ni que nutran lo suficiente o que consigan reestructurar las puntas dañadas o resecas... No tengo fe y acabo eligiendo por cuál es el que huele mejor.

Y además, lo confieso, me aburre. Me aburre elegir por pura necesidad entre aquello que no me motiva. Es como: "pinto, pinto, gorgorito... pim pam fuera... tú te vas y tú te quedas".


Así lo hice el lunes en Carrefour. De hecho ya tenía en mis manos un champú, ya lo había metido en el carro... cuando de repente captó la atención de mi vista algo "no visto". Miré con detenimiento y vi que efectivamente se trataba de una nueva marca de champú que desconocía. Pero además de la novedad y de un olor maravilloso a Cheiw de fresa ácida que me transportó a mi infancia, esta marca me hizo reír. Algo que realmente no esperaba hacer en la compra de mi champú.


Evidentemente saqué del carro al otro champú y metí a Aussie, sin apenas mirar el precio. Me daba igual. Es el único que me dio algo de emoción.

Dejadme hacer un breve análisis de qué es lo que me gustó de Aussie a parte de hacerme reír:

1) Novedad y desconocimiento: la emoción de lo nuevo, creo que a nadie le es indiferente. El ser humano es curioso por naturaleza por lo que probar, cambiar, renovarse... forman parte del motor de la vida misma.
Claro que esto se agota rápido. No es base suficiente para una marca.

2) Humor: "pelo algo triste"; "Es un milagro (más o menos). Vale, no es como si te tocase la lotería pero nuestra fórmula..."
Utilizar el humor en un champú - sin perder el reason why - es un recurso no sólo original, sino que logra cierta conexión emocional con una marca desconocida.
Ya sé que estamos hablando de un champú y no de una persona, pero también estamos hablando de elegir entre toda una serie de opciones que me parecían similares.
En mi caso, lo que marcó la diferencia fue el acercamiento en clave de humor. Me llamó la atención y me provocó una sonrisa. Eso debe agradecerse. Siempre.



3) Seguridad y valentía: "Hay cosas más importantes en la vida que tu pelo, pero es un buen lugar para comenzar. Filosofía Aussie"
Utilizar el humor como recurso es algo que pocas marcas se atreven a hacer. Denota seguridad porque rompe moldes, rompe lo esperado.
En general el conservadurismo es lo que predomina, así como los beneficios racionales basados en nuevas fórmulas que te dan más brillo porque llevan extractos de aguacate, macadamia o veneno de reptil...
Teniendo en cuenta que para mí era una marca desconocida, su valentía me supuso un punto extra de confianza y seguridad.

4) Honestidad: "Es un milagro ... Vale, no es como si te tocase la lotería pero nuestra fórmula..." "Para obtener mejores resultados úsalo con el acondicionador Aussie Miracle Hydration (¿Eso ya lo sabías tú, no?)
Sin perder su tono divertido, la marca se muestra honesta en la medida en que juega con las clásicas frases que prometen milagros o resultados maravillosos. Y la honestidad en una marca, la hace digna de credibilidad.

5) Cercanía emocional: el tono, las bromas, la aparente confianza con el consumidor rompen la frialdad de la comunicación entre objeto y sujeto. La marca se acerca, empatiza e interactúa.

6) Aroma: Fundamental. El aroma al champú es como el sabor al alimento. Para mi fundamental y potenciador de la experiencia. Y encima conectado a recuerdos de la infancia... por esas reminiscencias a los chicles Cheiw de fresa ácida. Como dice la propia marca; "toma aire, y déjate envolver por su delicioso aroma".

¿Y todo esto en un pack que luego se tira a la basura? (algo que dirían nuestras madres, al menos  es algo que me dice muchas veces la mía)
Pues sí, esa es la magia del marketing bien hecho. La magia de comunicar y expresar. La magia de darse a conocer sin conocerse. La magia de provocar sentimientos, sensaciones, conexiones que van más allá de lo físico, mucho más lejos de los límites terrenales del producto.

No quería hacer una apología a las bondades de esta marca, sino que más bien he utilizado a la marca para poner de manifiesto cuáles son las claves de éxito de la misma. Claves que podrían utilizar otras marcas, claves que me hacen pensar en cómo de irracionalmente elegimos a veces (ojo, "a veces", depende de la categoría, de nuestras expectativas e intereses).

He visto tantas veces por mi trabajo ideas, diseños, publicidades brillantes, arriesgadas, impactantes... maravillosas que tristemente se han visto frenadas por el miedo, el conservadurismo que cada vez que veo un punto de valentía apuesto al máximo por ello.

Muchos dirán que los cementerios están llenos de valientes. Y sí es verdad. Pero la evolución humana no hubiera sido posible sin ellos, sin el coraje de romper lo establecido.


sábado, 20 de septiembre de 2014

"Salvajes" de asfalto



Hoy me apetece reflexionar sobre nuestra naturaleza salvaje. No me quiero meter en formalismos, ni en estudios científicos... Sólo pretendo dar forma a algo que viene germinando hace tiempo en mi mente: los "salvajes de asfalto".

Esta semana he tenido alguna que otra visita a médicos, y en todas las visitas largas esperas de más de una hora. Dicen que las esperas desesperan, pero eso sólo ocurre si no les sacas partido. En mi caso he tenido la suerte de disfrutar de la compañía de desconocidos maravillosos.

Justo este viernes coincidí con un camarero de una discoteca famosa de Ibiza. Mientras esperábamos que llegara el doctor, estuvimos charlando sobre cómo había evolucionado la fiesta en Ibiza (donde nunca he estado) y una de las cosas que me contó fue que actualmente existen unas nuevas drogas llamadas "caníbal" (MDPB o metiendioxirovalerona); una sustancia similar a la cocaína que provoca reacciones de extrema violencia en quien la ingiere. 



Médicos y enfermeras de Ibiza han sido mordidos por estos llamados "caníbales" o "zombies" que parecen ser extremadamente agresivos.



Reflexionábamos sobre el sentido o motivación de uso de estas drogas.... porque una cosa es "aguantar" la noche", otra es "desinhibirse"... pero en este caso... no responde a nada de ello, según palabras textuales de este chico de Ibiza: "parecen zombies... dan mucha pena. Yo en mi época de más joven me he podido tomar alguna cosa pero me divertía, pero a esta gente no les ves divertirse ni nada parecido". 

Como siempre una idea te lleva a otra. 

Inmediatamente recuerdo el suceso ocurrido en el Mundial de Fútbol de Brasil. El famoso mordisco del uruguayo Luis Suárez. 
No voy a entrar en polémica en este sentido, simplemente me llamó la atención una vez más cómo mientras la FIFA penalizó al deportista por conducta inapropiada, la sociedad le arropó... vendiendo más camisetas que nunca con su nombre. De alguna manera se premiaba el instinto "salvaje" que el futbolista no pudo controlar.


Llego a pensar que hoy en día, sobre todo para los que vivimos en ciudad, lo "salvaje" está de moda. 
Un nuevo salvaje que nace de la metrópolis pero - curiosamente - se postula en contraposición con la misma. Es decir, la propia crítica contra la ciudad, contra la civilización que oprime los instintos básicos...  permite que a su vez "nazca" este tipo de "salvaje de asfalto" que a su vez apenas tendría sentido en pueblos de montaña o lugares donde se vive en un contacto más directo con la naturaleza.

Entorno a la idea del "salvaje" existe un sinfín de representaciones simbólicas, imágenes, valores e incluso intereses creados que darían como para más de una tesis doctoral. No aspiro a ello ahora mismo.
Por tanto, no voy a partir de un concepto complejo y meticuloso del "salvaje", sino de algunos rasgos básicos que más o menos "todos" conocemos desde la cultura popular, intentando disminuir el sesgo etnocentrista:
  1. Un rasgo clásico, incluido en el propio significado de la palabra tiene que ver con la  cercanía con lo "natural" e "instintivo" (el bosque, la selva, dejarse llevar por las necesidades básicas...)
  2. Por otro lado, relacionado con el punto anterior, lo "salvaje" está menos sometido a las normas sociales (menos susceptibles de domesticación)
  3. A nivel estético la descripción del "salvaje" es más compleja... Pero si tuviéramos que resumirla a nivel popular - eliminando la idea más medieval de "seres monstruosos, deformes" - diríamos que pueden caracterizarse por signos que demuestran cierta rebeldía: cabellos largos, tatuajes, pinturas rituales, plumas u otros ornamentos naturales,  perforaciones... 
  4. A nivel de carácter se le tiende a atribuir fuerza, poder (traducido negativamente en algunos casos desde la "peligrosidad" / "agresividad")
Teniendo estos rasgos en cuenta, he recogido - como vengo haciendo - algunos ejemplos o "bones" que me permiten traducir a este salvaje clásico, en mi "salvaje de asfalto".

Bone 1: La droga caníbal por supuesto puede relacionarse con el carácter atribuido al "salvaje", desde una vertiente algo peyorativa y etnocentrista que tiene que ver con la mencionada agresividad, eso sí.

Bone 2: "Entre la Autosuficiencia y el Back to basics".  Muchos consumidores ya no sólo buscan  conectar con la naturaleza con lo puro, lo original y auténtico. También, de manera paralela, conocer los procesos, sentirse más independientes, entender que los cacahuetes no salen de las bolsas de plástico o ver cómo crecen la tomateras en los balcones de casa...

Los huertos urbanos son un ejemplo en este sentido. De cada vez más vemos como se alquilan parcelas de terreno para que la gente de la ciudad pueda hacer de hortelano. Recuerdo a mi querido profesor Ramón Valdés cuando nos decía: "no os confundáis, la mayor invención del ser humano no es la tecnología, sino la agricultura ya que es la única que permite sustentarnos". Por tanto, este tipo de huertos ponen de manifiesto algo crucial de nuestra humanidad y que tan poco se valora... hasta ahora.

La moda del pan puede considerarse otro ejemplo: numerosos son los libros y los cursos en los que se enseña cómo hacer pan desde la masa madre. Y entorno al pan nacen todos los satélites necesarios: tiendas que ofrecen harinas a granel de todos los tipos, panaderías especializadas en múltiples tipos de panes y bollería artesana,  etc.







O incluso múltiples talleres para aprender técnicas tradicionales de tejer, fabricar una cerveza artesanal, etc. Como los que se organizan en Cantabria para aprender desde la extracción de la lana de las alpacas hasta el obtener la madeja o incluso teñirla (www.alpacascantabria.es)




Bone 3: "Mater Natura". Una tendencia protagonizada fundamentalmente por mujeres; mujeres que desean conectar con su parte más instintiva y salvaje. Mujeres que buscan encontrarse a sí mismas  para explotar su lado más natural. Mujeres que en muchas ocasiones se reúnen para danzar en círculo en plena naturaleza, siguiendo el calendario lunar y organizando rituales de lo más curiosos. Podemos encontrar numerosos ejemplos en este sentido, aunque son grupos más íntimos o incluso con un toque de clandestinidad y secretísimo (algo que les hace más evocadores).

Podemos pensar que estos grupos son minoritarios... puede que lo sean. Pero la idea de fondo, el sentir salvaje de la mujer que desea rescatar su lado animal ("hermanas lobas" como se hacen llamar en muchas ocasiones) es algo más extendido, que conecta con los deseos y que hasta Shakira populariza en sus canciones a nivel masivo.

Grupos de mujeres que buscan la unión con la naturaleza



Bone 4: "Ornamentación ritual" Desde la antigüedad hombres y mujeres se han decorado el cuerpo con pigmentos, escarificaciones o piercings.

Dentro de grupos tribales, este tipo de decoraciones corporales cumplen un rol relevante para distinguir a sus miembros (entrada a la edad adulta, estatus, poder mágico...).








Sin embargo, en nuestra sociedad de asfalto se toman símbolos altamente similares pero con un fin distinto:  distinguirse a si mismo del resto (de las "masas"),  expresar su personalidad... Algo  que dice mucho sobre cómo funcionamos y qué necesitamos.








En definitiva, todos podemos tener algo de ese "salvaje de asfalto". Algunos lo expresan con tatuajes, piercings o escarificaciones. Otros reclaman su contacto más puro con la naturaleza, con los orígenes y la pureza...
En cualquier caso nuestro "salvajismo" pone de manifiesto la necesidad de expresar la individualidad frente a la "masificación", la necesidad de recuperar parte de nuestra esencia que tenemos escondida u oprimida. En definitiva no se trata más que de una manera de "gritar" hacia el exterior reclamando nuestro "yo" auténtico.

miércoles, 15 de enero de 2014

"Mi novio es un zombi"




"True Blood", novela de Charlaine Harris popularizada a través de la serie de televisión de HBO, parte de la idea según la cual tras el descubrimiento y posterior comercialización de una sangre sintética los vampiros salen de sus mundos ocultos para integrarse en la sociedad, lo cual resulta de lo más interesante.  A raíz de ahí se produce una explosión de seres mágicos de todos tipos (brujas, hadas, telépatas, hombres lobo, ménades, y un largo etcétera) que interactúan con "normalidad" como cualquier otro ciudadano (aunque cada uno con sus peculiaridades).

Este no es ni mucho menos un tema nuevo. Historias de vampiros, hombres lobo, brujas...  las ha habido siempre, de heho, podemos encontrar referencias a las mismas en numerosas tradiciones populares.

Lo diferente o "nuevo" desde mi punto de vista es la naturalidad - e incluso aspiracionalidad - con la que conviven con nosotros hoy en día. Veamos algunos ejemplos:


  • "Harry Potter" nos acercaba la magia desde la "normalidad", con una perspectiva tan humana que era fácil poderse identificar: la discriminación de los "no puros" (aludiendo al racismo, xenofobia...), los complejos de inferioridad (el no ser perfecto y sufrir por ello), las tramas políticas, la venganza, las injusticias, los tratos de favor... podría seguir y seguir.
  • La saga "Crepúsculo" ("Twitlight") seguía en esta línea dando un paso más: la aspiracionalidad. Edward Cullen - que cualquier chica hubiera querido tener en su instituto - muestra el caso de un espectacular vampiro integrado en su sociedad. Su opción de alimentación "vegetariana" (en un sentido vampírico), fomentaba el acercamiento a lo humano (ya que deja de ser una amenaza). Por tanto, eliminado el lado malvado del vampiro, nos queda todo lo positivo: la belleza, los poderes, la fuerza y sobre todo la inmortalidad.

  • El tema de los zombies no lo domino tanto porque no me gustan en absoluto... salvo la excepción del vídeoclip de "Thriller". No obstante, por lo que me comentaba una amiga, el enfoque de la serie "Walking dead" también nos acerca en la "convivencia"  con estos monstruos, todo bajo una explicación lógica: una epidemia.

  • Por otro lado, la adopción de Halloween a nivel popular o el asentamiento de algunas tribus urbanas (como góticos o emos) cumplen asimismo una función clave en este contexto: tangibilizar la monstruosidad; permitir traspasar el umbral entre la imaginación y lo material.


Pero el hit del momento lo protagoniza el público infantil gracias a las Monster High y todas las secuaces que han aparecido dentro de este universo sobrenatural (como las recién llegadas Princesas Zombies).



Son muñecas "sin alma", que forman parte del universo de la muerte, rodeadas de símbolos de calaveras, ataúdes, etc. Hacen referencia a grandes mitos terroríficos (Frankestein, Drácula, Hombre Lobo, Yeti...) o transgreden el mundo de algodón de los cuentos de hadas (Blancanieves zombie, Cenicienta zombie, Rapunzel zombie...). Y pese a su lado "monstruoso", a sus cicatrices, cuernos, colmillos, restos de sangre... logran superar el plano de lo grotesco para acercarse a lo aceptado, popular o mainstream desde una estética "fashion" que las banaliza o humaniza (en el caso de las Monster). 


Los padres las compran porque las piden los niños, pero los niños las piden porque también les "caen bien" a los padres. Y es más, los adultos (sean o no padres) también pueden sentirse atraídos por estas muñecas como si de objetos de culto se trataran. Existen clubs de fans, foros, páginas de Facebook, e incluso se customizan para su posterior venta en Ebay como si de objetos de arte se trataran.



Tras haber recogido estos pequeños "bones" o piezas, sólo queda reflexionar un poco:

¿Cómo es nuestra relación actual con estos seres sobrenaturales? ¿Qué tipo de monstruosidad es la que buscamos? ¿Qué rol tienen hoy en día?


En la mayoría de los casos que hemos hablado los monstruos son "bellos", con sus "defectos" y sus problemáticas, pero sin perder valor de deseo (como lo sería el Jorobado de Nôtre Dame).
Estos defectos son además los que permiten que se "acerquen" más a nosotros. Me intento explicar con ejemplos:
  • Edward Cullen se siente un "monstruo", es consciente de su condición y sus debilidades. Al lector o espectador - que ya desde la estética del personaje puede sentirse atraído por el mismo-  le hace sentir ternura, cercanía emocional y empatía precisamente por hacerle cómplice de sus debilidades.
  • Alcide Herveux, el Packmaster de los hombres lobo de "True Blood" nos deja ver su lado más humano con todos los problemas sentimentales en los que está sumergido... aunque sin perder un ápice de masculinidad y esencia de todo lo positivo que se espera de un "hombre lobo"
  • Monster High: he escuchado comentarios en los que se argumenta que el hecho de que estas muñecas tengan cicatrices, cuernos, ojeras... hacen que las niñas aprendan a aceptar los "defectos", a reírse de sí mismas y a superar sus problemas con personalidad.  


No obstante, aún falta un elemento clave para entender el éxito de este fenómeno: la transgresión en su justa medida. 
Una transgresión aceptada porque el "monstruo" se ha "humanizado" e incluso "normalizado". Aún así, una transgresión que nos ayuda a soñar y "escapar", a sentirnos "malotes" o "malotas" de igual modo que cuando saltamos al ritmo de Alaska gritando "a quién le importa lo que yo haga" (sobre todo cuando no hemos roto ni un plato en nuestra vida).

En el fondo se trata de un escape emocional. Un sueño onírico. Un deseo de ser inmortal, fuerte, bello, poderoso pese a los posibles defectos. Incluso puede estar relacionado con la necesidad de recuperar algo de esa magia o inocencia perdida por el desencanto social en el que estamos sumidos.

Porque hoy en día, afirmamos alegremente no creer en religiones (con los matices pertinentes), pero eso no está reñido con fantasear con lo sobrenatural.