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jueves, 31 de diciembre de 2015

El verdadero arte de regalar

Foto de un catálogo de Versace. Una imagen que
tenía en la cabecera de mi cama, que me daba fuerza
y que perdí en mis
traslados pero que hace poco recuperé, sin buscar. Un regalo para mí.

"Deja ir aquello que se ha ido.
Deja ir aquello que se perdió.
Deja ir aquello que aún no está pasando.
Lo que sucedió en el pasado y lo que sucederá en el futuro,
sólo existe en tu mente (...)
Deja en paz aquello que no ha llegado aún.
No desees nada, y abraza todo"

YOGI AMRIT DESAI


Me encuentro haciendo una breve reflexión involuntaria en esta época de cierre simbólico.
La Navidad, el Fin de Año y el propio invierno como etapa en la que la naturaleza se sumerge y entra en un lento letargo. Donde mueren las hojas y los árboles se quedan desnudos, con ramas solitarias.

Y por otro lado son unos días de frenética intensidad y actividad social, familiar. Días en los que las tiendas están "a tope", donde las luces no descansan ni de noche, donde la comida y los dulces inundan mesas, neveras y, tristemente, bolsas de la basura.

Son días de opulencia.... días de excesos... o incluso días de sacrificios. 


Son días en los que, además, cobra un rol importante el "regalar". 
Y es cuando pienso en  "regalos" que me doy cuenta de que cada vez necesito menos "cosas". O quizá no es esa la cuestión, es más que no siento ese "deseo" por un objeto (jersey, pantalón, pendientes...) como igual lo sentía hace 10 años. No es que no me gusten los regalos. Es que el significado del regalo ha cambiado para mí... y para mucha otra gente con la que hablo.


Pensemos en la diferencia que existe entre la cara de un niño y la cara de un adulto al recibir un regalo:
- Un niño tiene la ilusión del regalo. No entiende de las presiones, de las prisas, del agobio económico...
- Un adulto se ve presionado por la obligación de regalar tantas veces que ha perdido la espontaneidad en el regalo. Ha perdido la belleza del regalo. Ha dejado muy atrás la magia de la emoción que envuelve dichos regalos.

Leí hace poso esa preciosa frase de que "el verdadero regalo son las manos que lo dan". Gran insight. Y... ¿a quién no le ha pasado? Recibir un regalo sorpresa de una amiga y ser tan grande la emoción, la sorpresa que a veces tardas en abrir el paquete... porque en el fondo es lo que menos importa. Lo más importante es que alguien te haya tenido en cuenta, que haya pensado en tí, que haya querido demostrarte su cariño con un "gesto"... Y es un simple gesto muchas veces. Es algo muy fácil y sencillo. Sólo hay que pensar.

Sin embargo -y más en estas épocas donde el regalo es una obligación social y moral - el regalar se vive con presión. Muchas veces como un acto cuantitativo (cuantos más regalos mejor, cuanto más grande la caja mejor, cuanto más me he gastado más quiero a la persona...).  

Y encima, llegamos a tal punto que "no sabemos qué regalar porque tiene de todo". Decidme, ¿cuántas veces no habéis dicho u oído esta frase? Y guarda un tremendo aprendizaje, guarda un enorme significado:
  • Por un lado estamos asociando al regalo con "algo que no se debe de tener". Por tanto algo que cubre una carencia.
  • Por otro lado se pone de manifiesto un punto de saturación "tenerlo todo", con lo cual la parte de "sorpresa" del regalo se pierde o puede incluso crear frustraciones (si ya está repetido).
En este sentido se oyen ya muchas voces que tratan de reducir los regalos a los niños. Niños que se vuelven consentidos, niños que ya no valoran el regalo sino la cantidad. Niños a los que les preguntas qué les han regalado los Reyes y no saben ni responder... porque ni siquiera se acuerdan de todo.

Saturación. Saturación de estímulos en los anuncios, en los catálogos de juguetes que parecen verdaderas biblias. Saturación que tiene como posibles consecuencias el bloqueo o la simplificación: volver a lo básico... Aunque, ¿dónde quedó lo básico? 

Cuanto más pienso, más siento que hemos perdido el norte. Hemos perdido el significado emocional del regalo y nos hemos quedado con el significado social: ese "objeto" que expresa la reciprocidad, ese "objeto" que "debe estar" para "mostrar" interés en la relación afectiva con la otra persona.
Ese "objeto" que se acumula en montañas olvidadas en un rincón del hogar, acumulando polvo en numerosas ocasiones.... Esos objetos que sólo cuando hacemos una mudanza volvemos a ver y es entonces cuando pensamos: "¿para qué quería yo esto?"; sin saber qué responder.

En este sentido también empiezan a o irse voces de la idea del "desprenderse".

Desprenderse...  Liberarse... Dejar ir...  Son palabras que resuenan como el eco en las redes sociales, son teorías que han dado lugar a libros como el de la japonesa Marie Kondo "The Life-Changing Magic of Tidying Up", en numerosas charlas de pedagogía para afrontar la falta de interés de los niños en las clases (debido a la saturación de estímulos a la que se ven expuestos).



Desprenderse no sólo de objetos inútiles que regalamos o nos regalan. "Desprenderse" como tendencia holística dentro de un mundo saturado de objetos materiales, nuevos o versionados.

Desprenderse para, sólo así, poder entender el "encanto natural" de lo simple, de lo espontáneo, de que el mejor regalo no es el planificado, el obligado... sino el que sale del "alma".

Y llegado a este punto no puedo sino hacer mención a una amiga o compañera de viaje que hace una incalculable labor en este terreno. Hace poco, hablando con ella, me di cuenta de todo esto que estoy escribiendo. Entendí que cuando llegamos a una edad donde hemos dejado atrás la inocencia, el mejor regalo es "ese recuerdo" que igual luego se materializa en un objeto, pero donde el objeto es lo anecdótico.

Olabautyu crea experiencias memorables... ¿qué mejor regalo que una emoción? ¿qué mejor regalo que una historia donde la persona homenajeada es la protagonista? Sin importar cuándo, sin importar qué objeto sea el regalo que guíe la historia... porque precisamente el protagonista debe ser la persona y no el objeto. Ese es el cambio de perspectiva al que me gustaría que llegáramos.

Sólo hay que oír a las personas que queremos. Sólo tenemos que escuchar sus historias. Por ejemplo, esas "botas de agua" que siempre quisiste tener de pequeña, "ese Scalextric" que no te compraron porque eras una niña... El objeto es la excusa, es el símbolo. La historia, la emoción, la palabra, el gesto, el tiempo invertido... ese es el verdadero regalo.

Lydia es capaz de recrear esa magia. Es capaz de ayudarnos a "regalar" mejor. A "regalar" emociones. Y es sólo un ejemplo que  espero que abra tendencia para que nos volvamos más humanos, menos fríos... Y para que entendamos que la magia existe. De igual modo que existen las cosquillas, las lágrimas y las risas.



Feliz 2016.
Happy Today

Otro regalo que guardo y que encontramos por casualidad:
un papel en el que mi abuela había escrito mi número de Madrid
al lado de mi nombre... Lo recorté y ahora me acompaña
siempre en mi cartera... Uno de mis mayores tesoros

miércoles, 4 de febrero de 2015

¡Escondeos pollos que llega el domingo!




Es domingo.  
Camino por la calle bajo un brillante e inofensivo sol de invierno que llena los poros de  mi piel de luz y energía.
El viento desordena suavemente mi pelo y entonces… ¡un fuerte aroma a pollo a l’ast me envuelve por completo!

¿¡Qué le vamos a hacer!? Es que es domingo y durante los domingos – al menos en Barcelona y alrededores – tiene lugar el gran día del Sacrificio del Pollo.



Si viniera de otra cultura y tuviera que describir este fenómeno, en mi diario pondría algo así como: “miles de pollos amanecen decapitados, pelados y empalados tal y como Vlad lo hiciera en sus tiempos gloriosos (con personas).  Giran y giran ungidos con unas salsas aromáticas sobre un horno vertical que les va dorando lenta y homogéneamente para que horas después sean vendidos a numerosas personas que hacen cola tras el mostrador y que luego parten orgullosos a sus hogares con sus pollos bajo el brazo.”

Fuente: la-servilleta.blogspot.com

¿Tradición? ¿Costumbre? ¿Resultado del ritmo de vida frenético en el que no nos perdonamos el no tener sin planificar lo que haremos en los próximos 5 minutos? Igual un poco de todo.

La cuestión es que a partir un simple y decapitado “pollo” podemos acercarnos a entender algunos síntomas de nuestra sociedad desde un día como el domingo:

  •           El domingo es para relajarse:  disfrutar del tiempo libre junto con amigos o familia, pero sin la presión que supone “tener que hacer la comida” en una franja horaria concreta. Por tanto, la certeza o tranquilidad que ofrece el saber que puedes encargar o comprar un pollo a l’ast influye positivamente en el relax buscado porque “si no tengo plan de comida, siempre podemos buscar un pollo”.


  •          El domingo es para transgredir “un poquito”. Cuando se compra el pollo ni se piensa en sus grasas, ni en sus calorías ni en su aporte proteínico (por mucho que lo tenga). Además éste no suele venir sin compañía a la fiesta. ¿Qué sería de un pollo a l’ast sin su bandejita de patatas fritas o refritas al lado? Y es que de lunes a viernes se trata de hacer “bondad” a nivel de alimentos sanos y saludables (aunque ahí cada uno marca su definición de sano), pero durante el domingo nos volvemos más flexibles y nos acordamos de que hay que “vivir” y disfrutar. Un pequeño gesto que ayuda a regular el equilibrio obligación-placer que la mayoría se marca. Fácil de entender: si todos los días comiéramos pollo a l’ast (o cosas que nos gustan) acabaríamos aborreciéndolo enseguida.

  •           El domingo es para no estar solo: aunque puedes comprar medio pollo a l’ast… la costumbre es que esto sea algo que se comparta en familia (o con amigos). Una vez, hablando con alguien que vivía solo le dije: “también podrías comprar medio pollo a l’ast y así no tienes que cocinar nada”, a lo que me contestó que si hiciera eso, sentiría mayor soledad de la que ya sentía. Y es que hay comidas asociadas al “compartir” a un entorno más “festivo”. Así que si estás solo/a, mejor a la plancha que a l’ast.



Más allá del domingo, la propia oferta de los pollos a l’ast también puede usarse como indicador de algunas tendencias en nuestra sociedad. Y es que los pollos también se sofistican y diversifican en términos de oferta.



Hace años el pollo a l’ast era eso:  un pollo. No había opción donde elegir. Como mucho eliges el punto de venta porque conoces a la dependienta, lo descartas porque el dueño es un estúpido, o te decantas porque te ponen más salsa o las patatas son más gordas… Pero hoy en día podemos encontrar diferentes castas de pollos:

1)   Están los pollos “parias” o de clase baja. Son esos cuya vida en la tierra ha sido un infierno (según dicen por ahí, claro). Han vivido en condiciones pésimas de espacio, no han podido disfrutar de la luz del sol, ni han podido enamorarse entre ellos porque su misión era trabajar (engordar) y morir. Pobres… incluso después de su muerte no se han hecho de valer y es por ello que son los más baratos, son aquellos que si no acabas y tienes que tirar no sientes que pase nada. De hecho,  los que pueden aspirar a otra clase social de pollos los rechazan porque se asocian con carne “estresada”. Algo que siempre intentamos evitar en domingo, ¿verdad?.
2)   Luego están los pollos de clase media o “nuevos ricos”. Estos se acercan un poco más a la idea de lo que debería ser una vida más digna. Se les ha dejado más espacio para disfrutar y moverse, han podido respirar más aire libre… igual hasta se han enamorado… ¿¡quién sabe?! Aunque no siempre han recibido una alimentación todo lo saludable que hubieran querido. Cada lugar los llama de un modo (camperos, criados al aire libre…). Nosotros los identificaremos porque son un poco más caros que los pollos “parias”, pero tampoco representan una gran diferencia.
3)   Finalmente están los “aristopollos” o de clase alta. Estos no sólo han vivido a sus anchas pudiendo disfrutar de la vida, sino que también han comido mucho mejor y de manera “natural”.  Asimismo suelen ser más grandes para demostrar su diferenciación y “poderío”. ¿Cómo los conoceremos? Porque su precio puede duplicar o triplicar al de los “parias”, porque su presentación es más espectacular y porque nos los intentarán vender activamente.

¡Oh pollos! Tan relevantes y tan desmerecidos, tan deseados y tan ninguneados … hasta tal punto que hablar de “polladas” es sinónimo de hablar de absurdeces. ¿Qué sería de los domingos sin vosotros? ¿qué serían de las dietas de gimnasio sin vosotros? ¿qué sería de KFC sin vosotros?

Al menos, queridos pollos, se vislumbran tiempos mejores para vosotros en la medida en que el auge de lo ecológico y la conciencia hacia una vida digna animal sigan avanzando como valores estables en nuestra sociedad… siempre y cuando acabe la crisis y los precios lo permitan.

¡Digna vida al pollo! Ya que muere por nosotros, que nosotros les hagamos algo de honor y tributo a su involuntario sacrificio.



P.D. Hablo de domingo... pero también se puede aplicar al sábado... aunque hay algunos matices el sábado, claro. Es un día de más opciones, donde el pollo compite con más alternativas fuera de casa. Pero por el resto aplica.
En cuanto a comer las sobras del pollo del domingo en sábado... eso es honrar al pollo, sí señor! Oh haber calculado muy mal en la compra ;)

sábado, 20 de septiembre de 2014

"Salvajes" de asfalto



Hoy me apetece reflexionar sobre nuestra naturaleza salvaje. No me quiero meter en formalismos, ni en estudios científicos... Sólo pretendo dar forma a algo que viene germinando hace tiempo en mi mente: los "salvajes de asfalto".

Esta semana he tenido alguna que otra visita a médicos, y en todas las visitas largas esperas de más de una hora. Dicen que las esperas desesperan, pero eso sólo ocurre si no les sacas partido. En mi caso he tenido la suerte de disfrutar de la compañía de desconocidos maravillosos.

Justo este viernes coincidí con un camarero de una discoteca famosa de Ibiza. Mientras esperábamos que llegara el doctor, estuvimos charlando sobre cómo había evolucionado la fiesta en Ibiza (donde nunca he estado) y una de las cosas que me contó fue que actualmente existen unas nuevas drogas llamadas "caníbal" (MDPB o metiendioxirovalerona); una sustancia similar a la cocaína que provoca reacciones de extrema violencia en quien la ingiere. 



Médicos y enfermeras de Ibiza han sido mordidos por estos llamados "caníbales" o "zombies" que parecen ser extremadamente agresivos.



Reflexionábamos sobre el sentido o motivación de uso de estas drogas.... porque una cosa es "aguantar" la noche", otra es "desinhibirse"... pero en este caso... no responde a nada de ello, según palabras textuales de este chico de Ibiza: "parecen zombies... dan mucha pena. Yo en mi época de más joven me he podido tomar alguna cosa pero me divertía, pero a esta gente no les ves divertirse ni nada parecido". 

Como siempre una idea te lleva a otra. 

Inmediatamente recuerdo el suceso ocurrido en el Mundial de Fútbol de Brasil. El famoso mordisco del uruguayo Luis Suárez. 
No voy a entrar en polémica en este sentido, simplemente me llamó la atención una vez más cómo mientras la FIFA penalizó al deportista por conducta inapropiada, la sociedad le arropó... vendiendo más camisetas que nunca con su nombre. De alguna manera se premiaba el instinto "salvaje" que el futbolista no pudo controlar.


Llego a pensar que hoy en día, sobre todo para los que vivimos en ciudad, lo "salvaje" está de moda. 
Un nuevo salvaje que nace de la metrópolis pero - curiosamente - se postula en contraposición con la misma. Es decir, la propia crítica contra la ciudad, contra la civilización que oprime los instintos básicos...  permite que a su vez "nazca" este tipo de "salvaje de asfalto" que a su vez apenas tendría sentido en pueblos de montaña o lugares donde se vive en un contacto más directo con la naturaleza.

Entorno a la idea del "salvaje" existe un sinfín de representaciones simbólicas, imágenes, valores e incluso intereses creados que darían como para más de una tesis doctoral. No aspiro a ello ahora mismo.
Por tanto, no voy a partir de un concepto complejo y meticuloso del "salvaje", sino de algunos rasgos básicos que más o menos "todos" conocemos desde la cultura popular, intentando disminuir el sesgo etnocentrista:
  1. Un rasgo clásico, incluido en el propio significado de la palabra tiene que ver con la  cercanía con lo "natural" e "instintivo" (el bosque, la selva, dejarse llevar por las necesidades básicas...)
  2. Por otro lado, relacionado con el punto anterior, lo "salvaje" está menos sometido a las normas sociales (menos susceptibles de domesticación)
  3. A nivel estético la descripción del "salvaje" es más compleja... Pero si tuviéramos que resumirla a nivel popular - eliminando la idea más medieval de "seres monstruosos, deformes" - diríamos que pueden caracterizarse por signos que demuestran cierta rebeldía: cabellos largos, tatuajes, pinturas rituales, plumas u otros ornamentos naturales,  perforaciones... 
  4. A nivel de carácter se le tiende a atribuir fuerza, poder (traducido negativamente en algunos casos desde la "peligrosidad" / "agresividad")
Teniendo estos rasgos en cuenta, he recogido - como vengo haciendo - algunos ejemplos o "bones" que me permiten traducir a este salvaje clásico, en mi "salvaje de asfalto".

Bone 1: La droga caníbal por supuesto puede relacionarse con el carácter atribuido al "salvaje", desde una vertiente algo peyorativa y etnocentrista que tiene que ver con la mencionada agresividad, eso sí.

Bone 2: "Entre la Autosuficiencia y el Back to basics".  Muchos consumidores ya no sólo buscan  conectar con la naturaleza con lo puro, lo original y auténtico. También, de manera paralela, conocer los procesos, sentirse más independientes, entender que los cacahuetes no salen de las bolsas de plástico o ver cómo crecen la tomateras en los balcones de casa...

Los huertos urbanos son un ejemplo en este sentido. De cada vez más vemos como se alquilan parcelas de terreno para que la gente de la ciudad pueda hacer de hortelano. Recuerdo a mi querido profesor Ramón Valdés cuando nos decía: "no os confundáis, la mayor invención del ser humano no es la tecnología, sino la agricultura ya que es la única que permite sustentarnos". Por tanto, este tipo de huertos ponen de manifiesto algo crucial de nuestra humanidad y que tan poco se valora... hasta ahora.

La moda del pan puede considerarse otro ejemplo: numerosos son los libros y los cursos en los que se enseña cómo hacer pan desde la masa madre. Y entorno al pan nacen todos los satélites necesarios: tiendas que ofrecen harinas a granel de todos los tipos, panaderías especializadas en múltiples tipos de panes y bollería artesana,  etc.







O incluso múltiples talleres para aprender técnicas tradicionales de tejer, fabricar una cerveza artesanal, etc. Como los que se organizan en Cantabria para aprender desde la extracción de la lana de las alpacas hasta el obtener la madeja o incluso teñirla (www.alpacascantabria.es)




Bone 3: "Mater Natura". Una tendencia protagonizada fundamentalmente por mujeres; mujeres que desean conectar con su parte más instintiva y salvaje. Mujeres que buscan encontrarse a sí mismas  para explotar su lado más natural. Mujeres que en muchas ocasiones se reúnen para danzar en círculo en plena naturaleza, siguiendo el calendario lunar y organizando rituales de lo más curiosos. Podemos encontrar numerosos ejemplos en este sentido, aunque son grupos más íntimos o incluso con un toque de clandestinidad y secretísimo (algo que les hace más evocadores).

Podemos pensar que estos grupos son minoritarios... puede que lo sean. Pero la idea de fondo, el sentir salvaje de la mujer que desea rescatar su lado animal ("hermanas lobas" como se hacen llamar en muchas ocasiones) es algo más extendido, que conecta con los deseos y que hasta Shakira populariza en sus canciones a nivel masivo.

Grupos de mujeres que buscan la unión con la naturaleza



Bone 4: "Ornamentación ritual" Desde la antigüedad hombres y mujeres se han decorado el cuerpo con pigmentos, escarificaciones o piercings.

Dentro de grupos tribales, este tipo de decoraciones corporales cumplen un rol relevante para distinguir a sus miembros (entrada a la edad adulta, estatus, poder mágico...).








Sin embargo, en nuestra sociedad de asfalto se toman símbolos altamente similares pero con un fin distinto:  distinguirse a si mismo del resto (de las "masas"),  expresar su personalidad... Algo  que dice mucho sobre cómo funcionamos y qué necesitamos.








En definitiva, todos podemos tener algo de ese "salvaje de asfalto". Algunos lo expresan con tatuajes, piercings o escarificaciones. Otros reclaman su contacto más puro con la naturaleza, con los orígenes y la pureza...
En cualquier caso nuestro "salvajismo" pone de manifiesto la necesidad de expresar la individualidad frente a la "masificación", la necesidad de recuperar parte de nuestra esencia que tenemos escondida u oprimida. En definitiva no se trata más que de una manera de "gritar" hacia el exterior reclamando nuestro "yo" auténtico.

martes, 22 de julio de 2014

Buscando el antídoto a la superficialidad

Siempre me apasionaron las palabras y la manera de describir las emociones de Pedro Salinas - gran poeta español del amor intelectualizado -:

"...Quítate ya los trajes,
las señas, los retratos;
yo no te quiero así,disfrazada de otra,
hija siempre de algo.
Te quiero pura, libre,irreductible: tú."
Salinas, P.; "La voz a ti debida"

Desde una métrica y unas palabras sencillas, el autor es capaz de lanzar una invitación eufórica para desprenderse de todo lo material, de todo lo que nos constriñe y así poder dejar emerger la esencia o lo que nos hace especiales a cada uno de nosotros.
"Yo no te quiero así, disfrazada de otra", llega a decir el poeta a su "amor"... "te quiero pura, libre, irreductible: tú". Es decir, quiere encontrar lo que la hace diferente, única... especial, y quiere que ella se desprenda de todos los convencionalismos que "tiñen" su esencia.

Aunque se trate de un poema de 1933 su vigencia es absoluta ya que en el fondo lo que plasma es esa necesidad que hoy en día se tiene más que nunca a diferenciarse de las - peyorativamente llamadas - "masas" pero donde en el fondo estamos metidos todos.

Pero bajemos del mundo poético al mundo terrenal..... por mucho que me apetezca quedarme en el primero...

¿Ya?

Esta reflexión de fondo no es nada nueva ni sorprendente, lleva muchos años y tiene aún más lógica en un contexto urbano donde diferenciarse es difícil, donde la que se compra un bañador estampado en Zara o H&M corre el alto "riesgo" de verse duplicada en la playa con otro cuerpo y otra cara -como diría Alejandro Sanz-. Donde se cantan las mismas canciones, se ven las mismas películas, se siguen a los mismos artistas, las mismas tendencias culinarias, nos hacemos los mismos "selfies" en los mismos lugares turísticos y con los mismos gestos... porque nos gusta "formar parte",  "estar al día", porque necesitamos "participar en la sociedad".... porque formamos parte de un grupo, y eso - si se me permite la expresión - es casi indiscutible y no criticable.

No obstante, como siempre, llega un punto de inflexión,  rebeldía. Un momento en el que nos detenemos porque nos sentimos "vacíos", "superficiales" o que de alguna manera hemos perdido nuestra autenticidad. Y en este contexto encajo la actual tendencia de "au naturel" que vengo observando desde diferentes vías.

Son muy escasos y pequeños los "bones" que he recogido para reflexionar sobre esta tendencia, pero aún así espero que nos puedan ayudar a pensar un poco más sobre qué está pasando hoy en día.

Bone 1: "Todos contra la superficialidad de Photoshop"

Quién me conoce sabe que Facebook me sirve como compañero de trabajo (¡ay! ¡la soledad de los autónomos postrados ante un ordenador a quién no cantan los poetas!!). 
Estas u otras redes sociales se convierten en una fuente indiscutible de consulta para "ver" en perspectiva qué se está moviendo por fuera y por dentro de las personas...  

Dicho esto, últimamente no hago más que ver vídeos donde se "denuncia la mentira" de Photoshop, que alarga piernas, quita imperfecciones, te retoca la estructura ósea.... o te transforma en una pizza!!.

Estos vídeos son una invitación a poner freno a la irrealidad de esta herramienta. Se denuncia que Photoshop está marcando uno estándares de belleza irreales que perjudican a la autopercepción (especialmente en la mujer). 

A través de numerosos ejemplos se desmitifican a las actrices, modelos que aparecen en revistas y pantallas con el fin de quitar presión y también de reclamar la belleza de lo natural o auténtico. Y de manera paulatina, algunos de estos personajes famosos también deciden empezar a romper con la tiranía del Photoshop en busca de transmitir unos valores más cercanos a la naturalidad (que suelen tener más capacidad de generar empatía).




Bone 2: "No make up"
Anoche me puse a echar un ojo a algunas fuentes que sigo y me llamó la atención que la  tendencia de "naturalizar" empieza a pisar fuerte en más terrenos, como es el caso de los famosos selfies.
El artículo que leí (de H&M Life; "Au Naturel") empezaba diciendo:
"Las celebridades y modelos ya han revelado su verdadera forma de ser. ¿Eres suficientemente valiente como para sumarte a la tendencia #nomakeup?"
Son palabras muy significativas porque no hablamos de la "superficie", sino del "fondo": "una verdadera forma de ser", de la "valentía" y en el fondo de la autenticidad que trata de contagiarse y teñir las redes sociales.


Bone 3: "Nude Cakes"
El tercer ejemplo es más simple... incluso puede parecer "tonto"... pero sinceramente, no creo que lo sea.
Algunos de las y los que nos hemos metido en tendencias reposteras y hemos disfrutado y sufrido el mundo del fondant, los cupcakes y toda la magia y fantasía que lo rodea, empezamos a estar un poco saturados de tanto..... asúuuuuuuuucar (besos a la gran Celia... esté dónde esté).
Tartas que tardan semanas en construirse, obras de arquitectura efímeras... más bellas por fuera que por dentro. ¿Estamos cansados de ellas? ¿se han masificado tanto que ya nos aburren?

Fuente: Pinterest

En parte el surgimiento de pasteles sin cobertura, desnudos, transparentes.... pero no por ello menos deliciosos apunta nuevamente a esta tendencia, esta necesidad de huir de lo superficial y buscar la pureza, la esencia... y no nos olvidemos: la diferenciación y el sentirse especial, aunque dentro del grupo.

En el fondo estamos buscando ese lado salvaje que perdimos una vez, que maquillamos otra y que ahora toca rescatar de nuevo... Somos salvajes de asfalto en busca de nuestro lado natural, sin renunciar - de momento - al alquitrán. 

miércoles, 12 de marzo de 2014

En busca de lo "auténtico"


Hace algún tiempo estaba viendo en Facebook unas ideas sobre diferentes muebles y decoraciones hechas a base de  palets reciclados. Seguro que en estos últimos tiempos todos hemos visto algo así tanto con palets como con cajas de fruta, con neumáticos de coches o incluso sillas viejas...




A parte de curiosear la idea en sí, lo que más me llamó la atención fue una pequeña discusión que se desencadenó en los comentarios que aparecen relacionados: una persona preguntaba dónde podía comprar esos palets, algunos le daban direcciones o ideas de dónde conseguirlas. Hasta que llegó otro que le aclaraba que la verdadera intención tras esos diseños tenía que ver con  el reciclaje, con una mentalidad y que, por tanto, comprarlos no tenía sentido.

En resumen,  si para poder hacer alguna de estas ideas se compran los palets (o las cajas de fruta, o los neumáticos…) el resultado pierde  valor del reciclaje, y en consecuencia pierde  autenticidad.
Ejemplo de un kit para transformar una caja de frutas dónde se puede comprar dicha caja
junto con el resto de utensilios (www. handbox.es)

Entonces….
  • ¿De qué manera se puede obtener algo auténtico? 
  • Lo auténtico ¿tiene que ser natural, espontáneo, improvisado?
  • Para que algo que compras se considere "auténtico" ¿debe existir una historia, una vivencia, una interacción? 
  • Lo auténtico, ¿reside sólo en el objeto?

Está claro que estas modas y gustos estéticos a los que me he referido nacen de una voluntad de reciclaje, un interés de recuperar o reinventar el uso de un objeto con capacidad de poder ser percibido como "auténtico".  Pero lo cierto es que una vez estos proyectos se han lanzado al público - y se han acogido con cierto entusiasmo - surgen numerosos productos que nada tienen que ver con el económico reciclaje, sino con el mundo del diseño o incluso lo prefabricado.

Se adopta lo "auténtico" desde su plano estético creando códigos fáciles de detectar pero perdiendo "autenticidad" en el proceso. Se genera por tanto lo que podría denominarse  una autenticidad externa o de vitrina que si bien sirve para comunicar un cierto estilo o valores, también puede sacrificar espontaneidad o naturalidad.

Ejemplo: zapatería SoleRebels  (www.ecomobiliario.com)

Taller Artesanía ME4t (foto propia): las cajas
de madera se alquilan como expositores 




Un segundo ejemplo de reflexión sobre el tema de la autenticidad tiene que ver con el mundo de la segunda mano desde la comparación entre dos mercados de Barcelona: el renovado mercado de Els Encants, y el mercado de Sant Antoni.

Els Encants: uno de los mercados más antiguos de Europa que recientemente se ha renovado. Es un mercado que combina tradición y modernidad de un modo - en mi opinión - bastante equilibrado. Existen numerosos puestos donde encontramos objetos de todo tipo segunda mano rescatados o recogidos por los vendedores: pueden estar en buen estado, pero también pueden estar rotos, sucios, etc.
Visitar estos mercados implica en muchos casos que el consumidor encuentra más que busca… Uno no sabe lo que se va a encontrar y por tanto se puede ver sorprendido por la oferta.


El sentimiento que se experimenta cuando se encuentra algo de interés en la zona de venta más caótica (puestos a ras de suelo)  está relacionado en gran medida con la "autenticidad". 



¿De dónde proviene este sentimiento de autenticidad?

Algunas de las claves que podrían estar relacionadas con este sentimiento provendrían de:

  • El propio entorno y colocación del objeto comprado (tirado en el suelo, sucio, desgastado…) está indicando indirectamente al consumidor que no está "pretendiendo", no busca mostrarse o venderse. 
  • El comprador  puede sentir que lo que compra es algo más "vivo" con una historia detrás que en general desconoce.
  • En muchos casos el objeto es "único". No quiere decir que no haya otro igual, sino que lo que se suele vender no son producciones en serie, son objetos sueltos que se encuentran los propios vendedores. Por tanto hay lo que hay y si falta algo no se puede esperar a la semana que viene a que lo hayan repuesto.




En el mismo mercado encontramos otras tiendas con objetos variados, pero que en contraste pierden autenticidad. 
Si bien muchas de estas tiendas tratan de conservar ese estilo (estético) "auténtico" a través de objetos como máquinas de escribir antiguas o maletas de los años '20, ni los precios ni la espontaneidad con la que se interactúa con el comprador es la misma. En estos espacios  la sensación que se obtiene es la de cualquier tienda estándar: todo medido, todo bien colocado, precios bien visibles,  etc. 


Cojamos el ejemplo de la maleta que aparece en la fotografía: pudiera ser que el mismo objeto se encontrara en un puesto a ras de suelo o en la tienda (dónde se encontraba). La experiencia y valoración del objeto no sería la misma. En el primer caso se viviría a modo de "hallazgo de algo auténtico" e incluso único; mientras que en el segundo caso se vive como algo estético, "vintage", donde el comprador apenas requiere interactuar más con el objeto para adecuarlo porque ya ha sido "maquillado", perdiendo por esa autenticidad del primer caso.








El Mercat Sant Antoni es el segundo ejemplo que utilizaré para ahondar más en el valor de "autenticidad" o más bien falta de la misma.
Recordaba este mercado como un lugar de encuentro entre coleccionistas, donde poderte sorprender con publicaciones (libros, revistas, discos, postales…)  que no encuentras en otros lugares de manera asequible o accesible.
Fuente fotografía: http://laregencemanureus.blogspot.com.es


Fuente fotografía: http://laregencemanureus.blogspot.com.es

Todavía mantiene ese vínculo con los coleccionistas, pero el consumidor genérico que busca sorprenderse con algún libro o publicación inesperada puede sentir cierta decepción en su visita por dos motivos:

  • Apenas hay "hallazgos" imprevistos. Lo que se encuentra un día puede ser encontrado a la semana o al mes siguiente (oferta estática) perdiendo por tanto parte de espontaneidad e impulso de compra (bajo la idea de que "la próxima vez que vuelva seguirá estando")
  • Una oferta de títulos paralela a la de las librerías estándar, con precios altamente similares.
  • Y finalmente cuando se encuentra algo diferente, con valor de "auténtico" (libros antiguos, láminas viejas, acciones de los años 20, postales escritas…) en muchos casos los precios elevados recuerdan a los que se pueden encontrar en cualquier anticuario.
De acuerdo con esto el Mercat de Sant Antoni, bajo mi punto de vista y experiencia personal, pierde autenticidad.


Con todo esto podemos ir esbozando algunas ideas clave sobre lo que hace que un producto pueda percibirse con más intensidad (ya que considero que puede ser algo graduable) como algo auténtico:
  • El origen del producto: en función del producto esto puede relacionarse con su antigüedad, pero en otro tipo de productos tendrá que ver con su materia prima (ej. palets reciclados). Cuanto mayor "pureza" o naturalidad, mayor autenticidad.
  • Proceso de elaboración: puede estar muy relacionada con el origen en función del producto o categoría. Su relación con la autenticidad puede medirse en términos de los pasos e intermediarios que han intervenido en la elaboración. Cuantos menos pasos e intermediarios en este proceso, más pureza / originalidad y por tanto más autenticidad.
  • El valor "ético" o "alma" del producto: algo que tiene que ver con la mentalidad de fondo sea el reciclaje, el DIY… En el fondo se trata de una cuestión de sentimiento, de expresar una mentalidad o incluso unos valores.
  • El valor estético: se considera un signo externo que ayuda a detectar o incluso a "sentir" dicha autenticidad. Los códigos estéticos están igualmente relacionados en la mayoría de casos con el propio origen  y naturalidad.
  • El entorno del objeto: el modo cómo se presenta o muestra también da indicación al consumidor de lo auténtico que puede ser un objeto. Todo producto en su contexto, pero dónde este contexto evite transmitir la sensación de algo calculado, premeditado, artificial.
  • El valor de la espontaneidad: lo auténtico es sinónimo de lo genuino, lo original, lo puro… sentir que la propia compra nace como fruto de lo espontáneo, de lo no premeditado… Sentir que  no se compra sino que se encuentra.

Puede que existan más factores que ayuden a medir la autenticidad, así que seguiremos observando y recogiendo ejemplos. Mientras tanto, frente a una petaca limpia y pulcra disponible en Tiger, me quedo con esta otra que encontré (al mismo precio) en el mercado de Els Encants… siento que ha vivido más y que no la he encontrado yo a ella, sino ella a mí. Total… no la voy a usar.