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jueves, 3 de agosto de 2017

Tocata y fuga en "desamor"


3 de agosto... día nublado pero no exento de un asfixiante calor, de esos que te "aplatanan". Ah... y tengo la regla, para fastidiar un poco más.

Abro el ordenador y le doy una vuelta a las novedades del día. Las noticias, como siempre, mejor no verlas para que el gris no se torne en negro profundo. Las redes sociales - gran indicador social - aburridas. Todos los contenidos centrados en temas vacacionales... que si estoy aquí, que si allí pero donde el espectador apenas nota la diferencia entre la arena y mar de un lugar u otro. Eso sí, este verano hemos avanzado algo frente a años anteriores... ya nos atrevemos más, ya se forma parte más presente en el paisaje. Si bien el año pasado sólo "sacábamos" el pie (con uñas bien pintaditas), en éste nos atrevemos más y empezamos a ver más fotos de espaldas que,  en el más arriesgado de los casos, nos deja intuir que las glándulas mamarias respiran en libertad, como un grito salvaje al horizonte acompasado del  "a quién le importa lo que yo haga"de Alaska y Dinarama...  Un cambio del que me alegro enormemente porque los pies me parecen mucho más feos que la figura de una mujer de espaldas... ¡Aquí mi aplauso insonoro por las valientes!


Los términos: "libertad", "respirar", "descansar", "desconectar", "tiempo para mi", "es el momento de vivir",  "de quererme", "de mimarme"... se repiten hasta la saciedad. Y con ellos se pone en evidencia un claro descontento así como una gran  falta de autoestima que se desprende en esta sociedad donde se nos llena la boca (o el Facebook) de frases  del tipo "no me importa lo que piensen de mí", "si no te gusta, no mires"pero estamos adictos a las respuestas y reacciones que vamos a obtener de dichas manifestaciones.

No es de extrañar, por tanto, que la publicidad se nutra de este sentimiento generalizado para conectar o ser cómplice con el consumidor y que muchas marcas animen al consumidor a quererse, a gustarse, a aceptarse, a vivir y a disfrutar:


  •  "Si te gustas, gustas" claim utilizado para la línea masculina de Veet para animarnos a buscar la conexión con uno mismo como clave del éxito... Un éxito no individual, sino que será recompensado por el "otro".





  • "Quiéreteme" claim para la campaña de verano de El Corte Inglés



  • "Vivos vivientes" o "Nos morimos por vivir" de Aquarius, donde la marca pretende contagiar de las ganas o alegría por vivir, valorar el presente, lo que somos, sin más.  


  • "Real Moms" donde Dove brinde un homenaje a las mujeres de carne y hueso (en el rol de madre) y no las photoshopeadas. 



Dove es una de las grandes marcas que ha trabajado el territorio de la autoestima femenina, del quererse tal y como cada una es, huyendo de los estereotipos inalcanzables que sólo generan frustración. Cuenta con grandes piezas que tocan la fibra emocional de las mujeres, que llaman a un despertar colectivo que nos hace ver que el cómo nos sentimos es fundamental para entender cómo nos vemos. Creo que se me nota que soy una gran fan de la labor emocional que está tratando de hacer la marca para ayudarnos a construir una personalidad más fuerte y confiada. Su actividad publicitaria va más allá de la búsqueda de venta, obviamente es un fin, pero trabaja en crear valores constructivos, y sería injusto no dar las gracias por ello.



Y todas lo hemos aplaudido, nos hemos emocionado con sus historias, hemos compartido sus anuncios virales, demostraciones de que el sentirse bella nace de dentro y no de fuera....

Entonces... por qué sigo viendo cada día, en cada esquina, en cada conversación de café, autobús o cola del supermercado manifestaciones del tipo: "me olvido de mí, no me cuido... a partir de ahora pintalabios y rimel cada día para hacer de mi día un día mejor", "hoy he decidido arreglarme para que sea a mí a la que me miren", "hay que quererse y arreglarse"...

¿Hemos entendido algo?

Seguro que luego todas defienden que la belleza es interior, y no sería contradictorio.  Pero, en serio, me vuelvo a preguntar: ¿hemos integrado el aprendizaje? ¿o sólo seguimos cantando la canción de "A quién le importa" para gritar y desahogarnos un rato y después seguir agradando al "otro"?

¿Cómo es que conectamos tanto y de manera tan intensa y emotiva con mensajes tipo Dove (he visto a gente llorando tras ver sus spots)  y luego tenemos que recurrir a accesorios tan externos y superficiales para querernos... ¿En serio? ¿Así es como me tengo que querer yo?

¿Podremos algún día estar felices con nuestras imperfecciones? Si es así, ¿por qué las tengo que maquillar, camuflar, ocultar...?  ¿Por qué no puedo sentirme bien con mis manchas, pecas, ojeras, pelo encrespado, celulitis, barriga, cartucheras, tetas caídas....? ¿¿¿qué me he perdido en el camino??? ....

Por cierto, ¿he hablado de "imperfecciones"? Veo que he caído en la trampa.

Imperfecciones: defecto, deficiencia, incorrección, desperfecto, falla, lunar, borrón, error, deformidad, desacierto, amorfia, avería, granulación, pecado, sombra, tosquedad, deterioro, desproporción.... 

¿Lunar? bella imperfección  la del lunar. A Marilyn Monroe le quedaba bastante bien, por cierto.


Hay "imperfecciones" que, personalmente, me chiflan. Hay aspectos que se entienden como "imperfecciones" que marcan la diferencia. De hecho sería aburridísimo un mundo lleno de gente perfecta y estandarizada bajo los cánones que - en cada contexto /año / lugar - se estipulen como "perfectos".



Además, sabemos perfectamente que la definición de lo "perfecto" - y por tanto lo "imperfecto" - es cultural y asociada a una época y sociedad concreta. El claro ejemplo es que  las mujeres celulíticas de Rubens eran diosas en su momento, mientras que las anoréxicas de hoy son las diosas de nuestra era (shhhhhhhh, no decidlo en voz alta que no es políticamente correcto). 





Y seguimos cayendo en la trampa. Por nuestra boca decimos no participar de ello, pero el subconsciente nos traiciona constantemente.


Mientras tanto, doy gracias a los anunciantes para que sigan construyendo en valores positivos  para las benditas imperfecciones que nos hacen ser diferentes, originales, divertidos y "anómalos"










miércoles, 26 de agosto de 2015

"Hazme reír y soy tuya" (le dijo un consumidor a su marca)

Fuente: modernhepburn

El pasado lunes no fue un día cualquiera. Fue un lunes diferente porque me enfrentaba al reto de comprar champú en una gran superficie.

Durante muchos años compraba champú a través de webs online en las que conseguía mi querida marca de H2O a base de plancton marino. Pero con el tiempo, los niños, los recortes... te haces más práctica (tu pelo no, sigue igual de exigente).

Lo malo es que cuando compro este tipo de productos en hiper o supermercado mi nivel de credibilidad de las "promesas" o beneficios que anuncian las principales marcas desciende a mínimos. No creo ni que me aporten el brillo que dicen, ni que nutran lo suficiente o que consigan reestructurar las puntas dañadas o resecas... No tengo fe y acabo eligiendo por cuál es el que huele mejor.

Y además, lo confieso, me aburre. Me aburre elegir por pura necesidad entre aquello que no me motiva. Es como: "pinto, pinto, gorgorito... pim pam fuera... tú te vas y tú te quedas".


Así lo hice el lunes en Carrefour. De hecho ya tenía en mis manos un champú, ya lo había metido en el carro... cuando de repente captó la atención de mi vista algo "no visto". Miré con detenimiento y vi que efectivamente se trataba de una nueva marca de champú que desconocía. Pero además de la novedad y de un olor maravilloso a Cheiw de fresa ácida que me transportó a mi infancia, esta marca me hizo reír. Algo que realmente no esperaba hacer en la compra de mi champú.


Evidentemente saqué del carro al otro champú y metí a Aussie, sin apenas mirar el precio. Me daba igual. Es el único que me dio algo de emoción.

Dejadme hacer un breve análisis de qué es lo que me gustó de Aussie a parte de hacerme reír:

1) Novedad y desconocimiento: la emoción de lo nuevo, creo que a nadie le es indiferente. El ser humano es curioso por naturaleza por lo que probar, cambiar, renovarse... forman parte del motor de la vida misma.
Claro que esto se agota rápido. No es base suficiente para una marca.

2) Humor: "pelo algo triste"; "Es un milagro (más o menos). Vale, no es como si te tocase la lotería pero nuestra fórmula..."
Utilizar el humor en un champú - sin perder el reason why - es un recurso no sólo original, sino que logra cierta conexión emocional con una marca desconocida.
Ya sé que estamos hablando de un champú y no de una persona, pero también estamos hablando de elegir entre toda una serie de opciones que me parecían similares.
En mi caso, lo que marcó la diferencia fue el acercamiento en clave de humor. Me llamó la atención y me provocó una sonrisa. Eso debe agradecerse. Siempre.



3) Seguridad y valentía: "Hay cosas más importantes en la vida que tu pelo, pero es un buen lugar para comenzar. Filosofía Aussie"
Utilizar el humor como recurso es algo que pocas marcas se atreven a hacer. Denota seguridad porque rompe moldes, rompe lo esperado.
En general el conservadurismo es lo que predomina, así como los beneficios racionales basados en nuevas fórmulas que te dan más brillo porque llevan extractos de aguacate, macadamia o veneno de reptil...
Teniendo en cuenta que para mí era una marca desconocida, su valentía me supuso un punto extra de confianza y seguridad.

4) Honestidad: "Es un milagro ... Vale, no es como si te tocase la lotería pero nuestra fórmula..." "Para obtener mejores resultados úsalo con el acondicionador Aussie Miracle Hydration (¿Eso ya lo sabías tú, no?)
Sin perder su tono divertido, la marca se muestra honesta en la medida en que juega con las clásicas frases que prometen milagros o resultados maravillosos. Y la honestidad en una marca, la hace digna de credibilidad.

5) Cercanía emocional: el tono, las bromas, la aparente confianza con el consumidor rompen la frialdad de la comunicación entre objeto y sujeto. La marca se acerca, empatiza e interactúa.

6) Aroma: Fundamental. El aroma al champú es como el sabor al alimento. Para mi fundamental y potenciador de la experiencia. Y encima conectado a recuerdos de la infancia... por esas reminiscencias a los chicles Cheiw de fresa ácida. Como dice la propia marca; "toma aire, y déjate envolver por su delicioso aroma".

¿Y todo esto en un pack que luego se tira a la basura? (algo que dirían nuestras madres, al menos  es algo que me dice muchas veces la mía)
Pues sí, esa es la magia del marketing bien hecho. La magia de comunicar y expresar. La magia de darse a conocer sin conocerse. La magia de provocar sentimientos, sensaciones, conexiones que van más allá de lo físico, mucho más lejos de los límites terrenales del producto.

No quería hacer una apología a las bondades de esta marca, sino que más bien he utilizado a la marca para poner de manifiesto cuáles son las claves de éxito de la misma. Claves que podrían utilizar otras marcas, claves que me hacen pensar en cómo de irracionalmente elegimos a veces (ojo, "a veces", depende de la categoría, de nuestras expectativas e intereses).

He visto tantas veces por mi trabajo ideas, diseños, publicidades brillantes, arriesgadas, impactantes... maravillosas que tristemente se han visto frenadas por el miedo, el conservadurismo que cada vez que veo un punto de valentía apuesto al máximo por ello.

Muchos dirán que los cementerios están llenos de valientes. Y sí es verdad. Pero la evolución humana no hubiera sido posible sin ellos, sin el coraje de romper lo establecido.


martes, 25 de agosto de 2015

Y colorín colorado... este cuento se ha modificado



"Eres tú el príncipe azul que yo soñé... Eres tú, tus ojos me vieron con ternuras de amor..."

Así decía la canción de "La Bella durmiente". Una canción que seguro muchas personas recordamos.

De acuerdo, quizá los niños de esta generación ya no crecen con estas historias de amor a primera vista, ni con príncipes azules...

Pero eso... ¿no es "culpa" nuestra?
Somos nosotros los que tratamos de luchar y desterrar de los confines de nuestro cerebro a ese príncipe azul que se implantó una vez en un sueño... Ay perdón, no. Una vez cuando éramos niñas.

La Bella Durmiente, La Cenicienta, Blancanieves, Rapunzel, La Sirenita... todas las protagonistas de esos cuentos que leímos de pequeños tenían unos ingredientes básicos: bellas mujeres pero con una terrible mala suerte hasta el momento ya que los celos o la envidia habían hecho que su presente fuera un infierno. Pero todas, absolutamente todas iban a tener un final feliz porque venía su príncipe azul y las salvaba de su terrible vida llena de injusticias. Y al final lo celebraban... ¿comiendo perdices? ¡Ay Dios! eso nunca lo entendí. Yo es que soy más de celebrar con un pastel y una copa de cava, pero bueno, sobre gustos...



Estos cuentos, aparentemente inofensivos, guardan un enorme simbolismo, un gran dictado de lo "óptimo" e ideal. Tanto de cómo tiene que ser una mujer (guapa, fina, educada, sencilla pese a tener grandes talentos y dotes, con una voz exquisita, buen gusto ...) y un hombre (más alto, apuesto, atrevido, valiente, fuerte, de mejor posición social, etc.).

Asimismo hay aprendizajes clave: las princesas (o futuras princesas) no deben ser díscolas. Se deben a su hombre. Punto. Lo conocen y "es él". Es el amor verdadero. Así de simple. Ellos igualmente lo tienen muy claro: aunque hay miles y miles de mujeres a su alrededor, sólo tienen ojos para su princesa. Y da igual el impedimento que haya por medio porque el amor lo salva todo.

Hay muchos y muchos más mensajes... pero ya hay literatura dedicada a esto. Mi reflexión es otra.

Nosotros crecimos de algún modo con todo ese imaginario. Con sus pros y sus contras. Con sus exigentes ideales y sus alentadoras esperanzas de que "todo llegará".

Sin embargo, desde hace ya muchos años que venimos por un lado desmitificando al príncipe - sí, somos las mujeres, los hombres aún no han matado del todo a las princesas, quizá sigan jugando con sus coches -. Y por otro recuperando la magia de los cuentos... Y no es una contradicción. Yo lo interpreto como un reflejo de una frustración generada por el modelo a seguir: la imposibilidad de conquistar al príncipe azul. La imposibilidad de  - primero encontrar y luego -"enamorar locamente" a ese hombre maravilloso, detallista, caballeroso, fuerte, guapo, siempre con un peinado exquisito, con dinero, poder... Y, por supuesto, la dificultad de celebrarlo comiendo perdices... Jajajaja. Perdón, un poco de humor, que me ponía ya muy seria.

Y es que las princesas siempre formarán parte de nosotras. Para amarlas o rechazarlas, pero siempre están ahí como modelo de referencia.

Justo hoy volvía a ver por Facebook la ya famosa frase de:



¿Nos gustan los malotes? No sé. A mí me huele a despecho o a desencanto. Aunque no le falte razón a la frase.

Por otro lado el tema de los cuentos de hadas y princesas sigue siendo algo recurrente. Ya en 2006, cuando trabajaba en Research International (actual TNS) y empecé con la revista "inTrends" de tendencias, habíamos recogido ejemplos de campañas publicitarias basadas en los cuentos de hadas. Numerosas campañas. En diferentes sectores.

Hoy en día estamos de nuevo ante un revival de los clásicos. Con moralejas adaptadas a los tiempos o cambiadas, ironizadas o reformuladas. Pero desde un seguimiento bastante fiel al argumento e imaginario.

El blog de publicidad y fotografía de  Jessica García Tirado me lo ha puesto muy fácil a la hora de recopilar algunas de las múltiples imágenes que reflejan esta tendencia.









Y en el cine encontramos que los antiguos clásicos se reformulan para dar lugar a películas con tramas y argumentos actualizados pero siempre retomando una clara identidad visual, así como un evidente paralelismo con los cuentos originales.






¿Qué quiero decir con esto? ¿A dónde voy a parar?

Yo misma no lo tengo claro. Hace años, cuando empecé a reflexionar sobre el tema pensaba que simplemente necesitábamos un refugio emocional y que conectar con los cuentos de nuestra infancia nos aportaban ese punto de magia que la rutina o el ritmo frenético nos roba.

Pero hoy en día estos cuentos se retoman en clave adulta para ironizar o modificar roles clásicos: el príncipe no es tan ideal porque engaña a Cenicienta con la mujer del panadero, el cazador no es alguien sin sentimientos sino un ser atormentado y con sus problemas, Caperucita no es tan ingenua, el lobo tiene su atractivo y un largo etc.

Quizá lo relevante está en la pregunta o preguntas:
  • ¿Por qué necesitamos hoy en día modificar el cuento? 
  • ¿Por qué, simplemente, no lo dejamos como está escrito y buscamos nuevas historias? 
  • ¿Por qué existe esa inercia a meterse con el pobre príncipe azul? Por mucho que sepamos que no existe, ¿por qué esa necesidad de recordar su inexistencia? 
  • Y de pronto, ¿por qué rescatamos al lobo? Ese lobo feroz, que sí... será un ser fuerte, machote... un tipo duro... Pero recordemos que el origen del lobo se basaba en el "violador"
  • ¿Por qué necesitamos quitarle "magia" a estos cuentos? Si sólo eran cuentos... no debíamos haberlos creído a pies juntillas...


Son preguntas y más preguntas que cada uno pueda responder a su manera. Porque no pienso dar una respuesta ya que no la tengo. Ni siquiera mi opinión (aunque igual se intuye). Voy a hacer como los cuentos y a terminar la historia en un "vivieron felices y comieron ¡tarta de chocolate!" 

De todos modos, lo que vino después de la boda...¡¡¡nunca se supo!!! ¿O sí?




Fotos recogidas del blog de Jessica García Tirado



lunes, 22 de diciembre de 2014

Remake o no remake, esa es la cuestión



Recuerdo el sonido armónico y rítmico de unos tacones caminando por un largo y lujoso pasillo.
Una silueta de sirena con un vestido dorado.
Recuerdo una voz.. recuerdo las palabras: "gold is cold"
El vestido y las joyas cayendo... como símbolo de autenticidad. De llegar a la esencia, a lo que importa.
Y como cierre, como clímax final, el producto: "J'adore".

Desde luego es uno de esos anuncios que pasarán a la historia. Por todo su simbolismo. Por toda su magia, su fuerza visual. Su capacidad de transmitir y hacernos sentir - o desear (ser, tener, parecer...) - sin decir. Esa es la clave del éxito de la publicidad.



¿Y por qué recuerdo ahora todo esto?...

Porque con el nuevo remake del anuncio se han - con perdón - "cargado" esta magia.



Lo sutil se ha hecho evidente: el dorado más fuerte, más brillante... De llevar un vestido que parecía hecho de "sombra y luz", fino, que se mimetizaba con la piel... a utilizar un vestido que más bien parece una armadura de la Edad Media.

El escenario: más pomposo, más ostentoso... con esa gran capilla. Frente a aquel pasillo largo, algo tenebroso y por tanto misterioso, algo que te invitaba a descubrir y no sólo a mirar.

La dirección de los pasos: en el antiguo anuncio avanzamos, a paso firme, a paso seguro acompañado al ritmo de los tacones, de la voz, de la firmeza. Vamos junto a ella, caminamos con ella. Pero en el nuevo subimos por una especie de sábana infinita hasta una cúpula que curiosamente está abierta... y me hace pensar en qué pasará cuando llueva... Y es que como no conecto, me vuelvo racional.

No me gusta tanto la idea de subir, o ascender. Se me hace de nuevo más ostentoso. Me parece más seductora la idea de avanzar. Simplemente tomar fuerza y avanzar en lo que cada uno es. Buen mensaje.

Y lo peor: la sensación de falta de ideas, el reutilizar sin aportar cambios, sin hacer avanzar en nada, usando exactamente los mismos recursos y sólo modificando el grado de ostentación evidente, lo cual pierde - en mi opinión - valor de seducción y deseo.

Me pasó algo similar el año pasado con el spot de esta misma marca. Me molestaba verlo. Me ponía los pelos de punta!


Volvemos a lo mismo: retomar un recurso que funcionaba a la perfección  - el vestido y el firme caminar - pero intentando darle una vuelta creativa. ¿Y qué hicieron? ¡Dios! nada más y nada menos que desenterrar a las grandes divas de Hollywood utilizando ¿dobles? ¿momias? ¿efectos digitales? Nunca lo he sabido bien porque siempre me ha producido grima verlo.

No obstante Charlize Theron es maravillosa. No hay quejas respecto a ella.  Magnífico icono de belleza, seguridad, seducción, y muchos puntos suspensivos.

Lo que pienso de todo esto es que cuando se tiene algo que ya está bien, mejor no tocarlo si no es para mejorarlo, aportar algo valioso... realmente valioso o continuar la historia.
Si no es así, todo intento de "copiar" o rescatar algo puede incluso afectar a la imagen ya ganada de la marca.